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Nuestra
historia agoniza...
estoy
lista para despedirte,
tu
fuiste la primera ola
de
mi playa virgen.
Tus labios humedos
y
sedientos besaban mi arena,
fui
tu niña feliz y soñadora
enamorada
de tu arrolladora personalidad;
tu
amor se bebió mi
candor
hasta
embriagarse de placer,
¡que
cercano siento hoy
tu
recuerdo!
¿Qué
hago con estos versos?
¿los
arrugo y los tiro a la papelera?
¿los
lanzo al mar asi tal vez mueran
ahogados?
lejos
de la orilla...¡no creo que
sobrevivan!

Tu...
ajeno a mis poemas secretos...
yo...
triste llorándote por última
vez,
¡siento
que ya
no soy tuya!
pero...
tampoco me siento mia,
menos
aun soy la misma de
antes de conocerte.
La
irreverente marea de tu presencia
ya
no deja huellas en mi arena;
puede
que sobreviva este
poema del lamento...
él
sigue
luchando en contra
de la
corriente de mi mente,
¡esta
es la última vez que
escribiré por ti!

Aunque
tu alma mil
veces me llame,
tu
pasado no pasó todavía...
y
nada es, ni será nuestro
bajo
las sombras...
pronto
dejaré
de sentir
esta
sucesiva melancolia...
¡y
todo por un grano de arena!
El
reloj del tiempo tocará
su alarma
y
este terco poema
que
siguió
nadando
en el teclado...
¡llegó con vida a la
orilla!
Valeria
Valoska
ENERO
23, 2001
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