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En el jardín de mis delirios
florece el deseo de creerte,
una luz pura me abraza
desde la oscuridad
de
tu
cielo.
Sueños pueriles anidan
en la arboleda de tus deseos,
anhelas la electricidad
del rayo de mi vida en tus
pupilas.

Me sumerges en el mar secreto
de las fantasías de tu mente,
tu impaciente necesidad de amar
despierta mi ser en las olas del amanecer.
No deshojes tan rápido
la
ilusión
ni desnudes las alas a mi mariposa;
por favor no espantes este momento
con el fantasma de nuestro pasado.
Sigue fiel a tu intuición
obedece a tu niño interior,
cuéntame inteligentemente
cosas hermosas que
me
enamoren.
Aquí estoy sintiendo suavemente
el sol de tu amor sobre mi
piel.

Valeria
Valoska
Martes Diciembre 10, 2002
(9.45 a.m.)
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