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Más
allá de su exagerado egocentrismo vital
el tedio entre él y yo un día se instaló adormeciendo la
felicidad;
alma mía que hoy estás en retrospectiva...
¿comprendes por fín la profundidad de mi horror
al ver que mi esposo en lugar de corazón tenía una máquina de
calcular?

Desde
entonces me fuí de su lado y dos años los viví reparándome,
perdonándome por querer creer sus mentiras y por
tener pena de sus desdichas;
al quedarse sin trabajo me persiguió hasta
Lima, diciendo que sin mi no vivía...
y
la
eterna soñadora que soy abrió las puertas de
mi casa y de mi corazón otra vez,
el poema sería perfecto si pongo y cumplimos lo prometido ¡no!
No
hicimos el viaje del perdón, ni quiso ir al consejero
matrimonial;
nisiquiera parecía el esposo malgeniado pero bonachon de otros años,
era un total extraño el día que le pedí que salga ¡para
siempre de mi vida!
guíada por mi intuición hicimos una ceremonía
de divorcio espiritual,
al poco tiempo la verdad salió sola y su amante llamo a
mi célular.

La mentira no tenía razón de ser pero es su típico y
repetitivo proceder...
algo similar paso con su primera esposa, salta de casa
en casa como un sapo;
ocho meses después agradezco al universo ¡por esa mujer!
soy libre y vivo en paz,
puedo comer tranquila sin vomitar y duermo, paseo, canto,
bailo, soy yo otra vez!!

Este
poema del amor imperfecto es el fiel relato de nuestra
historia,
como los cuentos de hadas yo era su princesa américana...
y él vivía en un principado cuando comenzamos hace ocho
años;
ni una sola lagrima derramé al escribir, la magia del
perdón me ha liberado.

He vuelto a enamorarme
de mi vida... ¡estoy lista para
manifestar todos mis sueños!
Valeria Valoska
Lima,
8
diciembre del
2011
a las
19.48
horas
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