Don
nadie usa
la voz y su afilada pluma
para
sembrar ilusiones pasajeras.
Repitiendo
historias atrapa a sus incautas
las
nutre con mentiras apolilladas
de
su constante deambular hacia la desesperanza.
Don nadie llama a
cualquiera
su
pasión ardiente,
pero
solo se ríe apretando los dientes.
Don
nadie crea celos entre sus presas,
es
un buitre feliz cuando entre ellas
se
atacan o se matan por celos.
Don
nadie hace falsos juramentos,
obliga
a beber pócimas mágicas a sus rehenes
de
hacer siempre los mismos rituales
se
le mezclan lugares y personajes,
seduce
con malicia transformándose
en
una hoja ocre, reseca y maloliente.
Don
Nadie aún no aprende...
que
es muy fácil mentir al mundo entero,
pero
a él jamás se podrá engañar;
de
tanto pisotear sentimientos ajenos
la
vida le devolverá dolor y soledad.
Don
nadie es
un pobre diablo
que
vendió
su alma fingiendo sentimientos,
con
el teatro de gorrión mal herido
se
quedó solo y sin nido.
En
resumen Don nadie es alguien que...
por
jugar a amar mató al amor verdadero.
Valeria
Valoska
(Domingo
septiembre 30 del 2001, 10.27.p.m.)