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Me
anunciaron su
llegada
un
día de dulces
duraznos,
mi
esposo y yo nos relajábamos
del
stress del trabajo
en
el campo de
Chaclacayo.
Saboreaba
mi tercer durazno
cuando
mi barriga
se
convirtió en un
volcán
parecía
que iba a explotar,
por
primera vez sentí
que
algo caliente me
invadía
y
subía rápidamente
desde
el estómago hasta
mi boca.
A
los 20 años solo
atiné
a
llamar por teléfono
a mi madre,
ella
muy sabia y acertada
me
anunció dulcemente:
¡debes
estar embarazada
hijita!
Regresamos a la
ciudad
fui
al médico obstetra
que
me trajo al mundo
el
Dr. Montoya,
tenía
dos meses de
embarazo,
me
pusieron a tomar
vitaminas,
me
prohibieron comer
picantes
licor, café o fumar,
me quedé paralizada
de
la emoción de ser
madre
y
a la vez del miedo
por
la responsabilidad
de
tener a un ser vivo
¡dentro
de mi cuerpo!
Mi
matrimonio
no
era una maravilla,
pero
mi marido ilusionado
prometió
mil cosas que jamás
cumplió,
al
menos tuvo la
intención
de
ser felices nuestro
hijo, él y yo.
Volaban
los meses
mi
barriga crecía rápidamente;
me tiraba al mar
y
saltaba con las olas
disfrutando
del verano,
comía
maní,
antes
nunca lo tocaba,
no
supe de las nauseas
ni
vomité ni una sola
vez...
tuve
un embarazo
perfecto!
Mi
panza crecía y
crecía,
Un
día en mi
restaurante habitual
escuché
a unos turistas
decir
en Inglés: "pobrecita"
tan
niña, con esa
carita de bebé
y
esperando múltiples,
me
tomaron muchas fotos
estaban
fascinados
con
mi apariencia de niña-mujer
...
era
algo extraordinario!
En
el chequeo del
octavo mes
mi
médico me dijo muy
seriamente
que
me faltaba solo dos
centímetros
de
diámetro y sería
su record
de
25 años de
profesional,
como
la barriga más
grande
que
el trató y eso me
asustó
¡en
nueve meses subí
más de 20 kilos!
Así
que el último mes
me
porte mejor que los
anteriores,
no
chocolates, muchas
frutas,
el
maní seguía siendo
mi único antojo
lo
mezclaba con pasas
para
sentir el dulce que
necesitaba.
En
víspera de semana
santa
se
organizó una cena
especial
por
el tío que
vino de Buenos
Aires,
después
del café y postres
abrimos
huevos de chocolate,
en
voz alta anuncié...
mis
pensamientos de ese
instante:
"Mi
huevo de pascua
reventará el
domingo”
nadie
me hizo caso porque
me
faltaban casi tres
semanas para parir.
Jueves
santo me tomaron
la
penúltima radiografía,
jamás
olvidaré ese día
mientras viva!
En
Lima el jueves santo
después
del medio día
todo
se paraliza hasta el
Lunes,
me
tomaron muchas
placas
y
el radiólogo llamó
a mi madre,
yo
estaba desconcertada
pensé
que algo malo
sucedía con mi hijo,
mi
sorpresa fue tal...
al
escuchar que el médico
creía
que yo tenía
trillizos
¡dijo
que se veían tres
cabecitas!
Mis
piernas flaquearon
mi
corazón galopaba
sin cesar
,
mientras
yo repetía ¿tres?
¡Tres
hijos a la vez!
¿cómo
los cuidaré?
si
al menos... ¡fueran
mellizos!
solo
tengo dos manos...
en
el año 77 no existían
aún las ecografías.
Muy
agitada llamé a mi
marido
y
solo logré decirle
entre
risas y sollozos:
¡debemos
comprar dos cunas más!
Lloraba
y reía a la vez,
en
la sala de espera
me
felicitaron todos,
mi
madre igual que yo
lloraba
y reía de los nervios.
Mi
esposo me dijo:
"Espérame
bebita en casa"
salgo
inmediatamente para
allá;
no
llegó hasta
bien pasada la
madrugada.
Papá
y él en lugar de
venir a casa
se
fueron a festejar
hasta el amanecer
¡nada
machistas mis
hombres!
El
Viernes mamá me
llamó temprano,
quería
que esté todos los
días
cerca
a ella o en su casa,
me
tranquilizó diciéndome
que
llamó el radiólogo
confirmando
que eran mellizos
los
que me pateaban la
barriga.
Un
hueso de mi pelvis
había
parecido otra
cabecita,
no
recuerdo exactamente
la explicación,
solo
la sensación de
alivio
de
tener un hijo
¡para
cada una de mis
manos!
Sábado
a la noche salimos
al cine
mamá
no se despegaba de
mi lado
por
nada del mundo,
y
eso que ella también
estaba
embarazada
tenía
dos meses menos que
yo.
Estrenaban
Dr. Zhivago
en
el cine Roma,
en
la cola para las
entradas
mamá
dijo: hijita te veo
perfilada
estás
con cara de dar a
luz.
Las
mujeres de mi
familia
somos
muy intuitivas,
algo
de brujitas tenemos
todas
especialmente
lo era mi mamama,
lo
es mi madre, mis hermanas,
y ahora mi hija
también
pertenece al clan!
Mi
esposo estaba advertido
de
no llamar a mamá
hasta
que yo diera a luz,
que
llegado el momento
me
lleve él solo a la
clínica
porque
era un peligro
que
mi madre a sus 41 años
y
casi siete meses de
embarazo
¡tenga
un parto prematuro
de la impresión!
La
película era
hermosa,
pero
larga... larguísima!
me
senté en las
escaleras del cine,
no
encontraba posición
en la butaca
sentía
patadas por un lado
y
la cabeza dura por
otro lado,
esa
noche no dormí
nada.
Mi
marido me frotaba la
barriga
yo
pensaba en ponerle
"Lara"
a
mi hija...
siempre
supe o soñé
que
mi primer hijo sería
una mujercita.
Domingo
9 a.m.
ingresé
a la clínica
con
dolores muy
frecuentes,
empezó
a cobrar realidad
lo
que temía con la
imaginación,
mis
dolores eran mayores
a
los que mi mente había
imaginado,
mi
desesperación era
total
y
a solo 5 puntos de
dilatación
gritaba
como una loca
¡por
favor llamen a mi mamá!
No
dejaba que las
enfermeras
chequearan
mi dilatación
las
eché a todas de mi
habitación,
pedía
a mi médico y
él no estaba en
Lima
¡seguía
de vacaciones por
semana santa!
Me
había adelantado
demasiado
y
tal como lo profeticé
de broma
mi
sorpresa de pascua se
abrió
ese
Domingo de Abril
del 77,
a
las 2.45 de la tarde
nacía
mi Vanessa,
¡toda
una guerrera ella
salió primera!
Menos
mal que mi doctor
tenía
un
hermano menor
obstetra
de
un gran corazón,
mientras
me ponían la
epidural
le
destrocé el hombro,
le
torcí los dedos
yo
misma no me reconocía!
Mamá
fue la única
que
pudo controlarme,
yo
seguía desesperada
todas
sus instrucciones,
le
repetía entre mis
contracciones
que
me debía haber
advertido
¡que
dar a luz dolía
tanto!
Unos
minutos más tarde
a
las 2.55 p.m.
exactamente
nacía
mi Gerardo,
tan
hermoso y sereno
que
lo llamaron:
"El principito"
no
estaba hinchado, muy
blanquito,
sin
mi sangre o grasas
por su cuerpito
de
bellas y perfectas
facciones...
¡claro!
su gemela había
hecho
todo
el trabajo por los
dos,
fue
el único varón
que
nació ese Domingo
de Ramos
en
la Clínica Italiana.
El
hermano de mi doctor
se
portó como un ángel
conmigo,
resistió
mis mordidas,
patadas,
gritos y hasta
insultos
gracias
a Dios tuve una
parejita...
porque
intuí en ese
momento
que
no tendría más
hijos.
Es
emocionante y
maravilloso
ser mamá,
cuando
me pusieron a
Vanessa
en
el pecho apenas
nacidita
para
cortarle el cordón
umbilical,
me
asuste por la sangre
y
porque ella lloraba
mucho,
estaba
toda moradita e
hinchada...
pero
sentí una ternura
indescriptible
¡amor profundo total
y eterno!
Mi
esposo se desmayó cuando
le avisaron
que
el segundo bebé era
hombre,
claro
la vanidad masculina!
Mis hijos son mi mayor tesoro,
las joyas preciosas de mi alma y corazón
,
desde
que los abracé por
primera vez
son
mis dos grandes
amores
y
eternas almas
compañeras.

Agradezco
al universo
por
haberme permitido
traerlos
al mundo a través mío.
Por
mis hijos vivo,
ellos
son mi inspiración
la
única motivación
que
me hizo levantarme
las
dos veces que estuve
a punto
de
rendirme y caer para
siempre.
Mis
gemelos hoy tienen
25 años
son
seres maravillosos,
independientes,
auténticos,
sencillos
y felices con su
vida
son
mi obra
maestra y perfecta.
AVanesa
y Gerardo
con
infinito amor
Domingo
noviembre 3, 2002
( 3.30 p.m.)

Mis
hijos día de la
madre del 2002


Mi
hijo y yo su cumple #26



Mi
hija su
cumple #26

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