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Necesito decirte mamama querida
que todavía sigo siendo tu misma niña,
la que en noches de pesadillas siempre te llama
y al despertar extraña tu voz diciendo...
“no temas mi princesa”
Ay abuelita querida... ¡deseo tanto hablar contigo!
revuelvo mi memoria y te busco...
me siento al pie de tu sillón para rememorar
tus días felices en Rusia de antes de la guerra.
Tus ojos transparentes y sonrientes
reflejaban los campos de tu padre
que traviesa recorrías para jugar con los gitanos,
amigos tuyos de ricas vivencias...
todas tus aventuras me narraste,
a tu amada Novaselitz me transportaste
sonreíamos juntas reviviendo tu niñez.
Un día una revolución sin razón
quebró tu alma e hirió tu corazón,
en el inmenso barco KaPolonia partiste
rumbo al desconocido nuevo mundo,
tus ojos de uva se quedaron sin lágrimas por llorar.
Por ese sótano frío donde la familia se escondió,
por tus padres que no nos conocieron...
y nunca más te abrazaron,
por tus hermanos que mataron
y no sabes... ¿dónde los enterraron?
Por la adolescencia que te robaron,
por tus sueños de amor que asesinaron
por todas las vidas que se truncaron,
¡junto a ti lloré tanto dolor mamama!
¿Sabes mamama?
tu casa era mi refugio...
ahí escribía lo que sentía,
pintaba lo que veía en tu corazón
recuerdo tus paredes con mis cuadros,
decías que las iluminaba.
Mi princesa siéntate a mi lado te diré lo que somos
y para qué hemos venido a este mundo,
tu voz era suave, con ese acento especial
me trasmitiste tus enseñanzas
para entender al universo y la vida.
Decías que no importa donde vaya
mi mejor equipaje será mi capacidad,
me aconsejaste llevar en la mente lo aprendido
y en mi corazón todo el amor sentido;
que lo entregue siempre sin tomar medidas,
creencias y legados descubrí a tu lado
¡de una gran riqueza espiritual!
Sobre el círculo mágico y perfecto
de la energía infinita que nos une,
heredé de ti... ¡la mejor de las fortunas!
Ahora comprendo todo...
tu amor era es y será esa eterna llama protectora,
dabas todo de ti...
sin esperar nada de los demás,
como un imán nos atraías...
¡Fuiste la columna vertebral de la familia!
Mamama... de ti aprendí...
que la conciencia es la mejor religión,
que a Dios lo llevamos dentro
y hablarle es la mejor oración,
me enseñaste una ley espiritual
imprescindible que no olvidaré jamás:
todo lo que damos regresará siempre
directo a nosotros y multiplicado.
¿Sabes mamama?
te veo con frecuencia en los gestos de mi madre,
¡tu hija que tanto amaste!
recuerdo un día de Abril del año 90...
escuchamos tu música Rusa después de almorzar,
bailaste aún con el andador...
¡que día feliz y especial!
mis hijos tenían solo 12 años
y siempre te recuerdan cantando y bailando contenta.
Al despedirnos ese día...
nos besamos y abrazamos muchas veces,
en solo unos días yo partiría a Usa con mis hijos
como si leyeras mis pensamientos...
tus lagrimas aparecieron silenciosas,
al besarme me dijiste bajito como en un ruego:
“Sariñun cuida a mi Freide”
y me apretaste fuertemente la mano.
¡Tú lo sabías mamama!
era nuestro último día,
ese fue nuestro último beso,
tus ojitos verdes estaban diferentes
también fue la última vez que los vi abiertos.
¡Claro que cuidare a tu Feli!
¿cómo no hacerlo mamama?
Si es mi madre querida;
a veces siento tu risa en las carcajadas de mi hija
tu bisnieta que te admira,
ella tiene tus mismos ojos pícaros
y hoy... ¡es una mujer como eras tu de bella!
Este es mi sentir...
con el corazón te escribo,
todo lo que hoy eres y lo que fuiste para mi,
eres mi brújula cuando me pierdo,
ando mi camino con tu ejemplo,
tu luz abuelita querida siempre me guía,
¡borras todos los miedos de mi vida!
Mamama... mi querida mamama,
¡tan sencilla y tan sabia!
fuiste tan fértil como la tierra...
Hoy.. ¡ brindo por ti!
por todos nuestros ausentes,
por los aquí presentes
y por los que vendrán...
por el círculo mágico de amor
¡Lejeim (por la vida) mamama querida!
( Diciembre 7, 2000)
A
mi Mamama Syrl Fleisaker Valoska con amor eterno
(Mayo
10, 1903 - Abril 7, 1990)